Identidad unitaria firmada
Cada unidad tiene un identificador propio, firmado con claves que gestiona el emisor. Nadie más puede emitir identidades en su nombre.
La seguridad de una plataforma de verificación se mide por lo que comprueba y por la claridad con la que dice lo que no puede comprobar. Estos son nuestros principios y nuestros límites.
Cinco principios guían el diseño de la plataforma y el lenguaje con el que presenta cada resultado.
Cada unidad tiene un identificador propio, firmado con claves que gestiona el emisor. Nadie más puede emitir identidades en su nombre.
Firma, estado en el registro, coincidencia de datos y anomalías se evalúan de forma independiente. El resultado muestra cada una, no un veredicto único.
Verificar no exige identificarse. Los reportes piden solo lo necesario y de forma opcional. No se guardan datos personales ni tributarios en las identidades.
Cada resultado dice qué se comprobó, qué confianza aporta y qué queda fuera. Lo que no está respaldado, no se afirma.
Los eventos se conservan en orden, con responsable y fecha, y pueden exportarse para que un tercero los revise.
Los mecanismos que la plataforma propone para sostener esos principios. Se describen como objetivo de diseño, no como controles implementados o auditados.
Para el caso de uso de licores propuesto a un regulador, las identidades se firmarían con ECDSA sobre la curva P-256, un estándar ampliamente documentado.
Cada fabricante o importador custodia sus propias claves de firma. La plataforma verifica con la clave pública; no necesita la privada.
El servicio de verificación no requiere registro ni datos personales. Responde a cualquier consulta con un resultado explicado.
Un registro ordenado de los eventos de cada unidad, con quién los reportó y cuándo, que permite reconstruir la historia y detectar inconsistencias.
Consultas repetidas del mismo código en lugares distintos, eventos fuera de secuencia o ubicaciones inconsistentes se señalan para revisión.
Conviene decirlo primero: la firma criptográfica no protege contra la copia. Un código copiado es un código válido. Lo que la firma impide es inventar códigos, que es un problema distinto. Contra la copia trabaja otra cosa: capas que se suman, cada una débil por separado.
El mismo identificador consultado desde lugares que una sola unidad no puede recorrer en el tiempo transcurrido, o con una frecuencia que ninguna botella tiene. El estado se degrada y se abre un caso.
El pasaporte muestra el lote y la fecha de vencimiento; quien tiene la unidad delante los compara con lo impreso en el envase. Un código copiado sobre otro lote no coincide. Es gratis y es el paso más eficaz.
En productos durables la etiqueta se vincula uno a uno con el serial del fabricante y el pasaporte lo muestra: quien compra compara con el serial impreso en el equipo.
El pasaporte dice cuándo se consultó por primera vez y cuántas veces va. Una unidad recién comprada con un historial largo huele mal, y eso lo nota cualquiera sin saber nada del sistema.
Un sustrato que se rompe al despegarlo impide trasladar una etiqueta ya aplicada de una unidad a otra, que es el fraude más sencillo de todos.
Un identificador emitido y etiquetado pero sin activar que aparece consultado en la calle es una señal de fuga. Por eso el resultado dice «en revisión» y no «verificado».
Las claves con las que se firma un identificador se custodian en un módulo de seguridad de hardware, no en el equipo de quien emite. El objetivo es explícito: que ninguna persona —incluido quien opera la plataforma— pueda usarlas fuera del flujo autorizado.
La clave maestra es una clave nativa del módulo, no exportable por diseño. La derivación de las claves de cada emisión ocurre dentro; a la memoria del servicio solo llegan claves de emisión concretas.
Quien puede rotar o deshabilitar una clave tiene denegado su uso, y quien la usa es un único rol de servicio. Son permisos distintos y deliberadamente incompatibles.
Prohibido el material exportable, prohibido tocar el registro de auditoría, y los cambios de política solo por la tubería de despliegue. Nadie queda por encima de la regla.
Nadie despliega a mano. El código criptográfico, los permisos y la infraestructura de claves exigen doble aprobación, con commits e imágenes firmadas. Exfiltrar exige cómplice.
Todo uso de clave queda en un registro replicado a un archivo que los administradores no pueden escribir ni borrar, con alertas de uso anómalo y copia al espejo del organismo supervisor.
Crear o rotar la clave maestra de una época exige varias personas con credenciales partidas y tokens físicos, y un testigo del organismo supervisor.
Un sistema fiscal que detiene una línea de producción o una caja de comercio ha causado más daño que el fraude que perseguía. Eso deja de ser una aspiración y pasa a ser una restricción de diseño, con consecuencias concretas.
El rango de identificadores se descarga una vez y un proceso local alimenta la impresora, con su propia cola y reporte diferido al reconectar. La planta no espera a la red.
Son planos separados que se comunican por eventos. La consulta pública tiene que seguir respondiendo aunque la emisión esté en mantenimiento, y una generación masiva no compite con quien está frente a un anaquel.
Si el limitador de tasa se degrada, la consulta se sirve: más vale responder que negar. Las escrituras y la autenticación, al contrario, fallan cerradas.
Un intento de enumerar códigos es en sí mismo una señal de fraude: los picos de rechazo por origen y por prefijo alimentan la analítica y abren caso.
Es tentador resumir una verificación en una palabra tranquilizadora. No lo hacemos, porque sería inexacto. Una firma válida demuestra que una identidad fue emitida por el emisor esperado; no demuestra nada sobre el líquido, el envase o la etiqueta que se tiene delante.
La plataforma se diseña para que verificar no cueste datos personales. Este sitio aplica el mismo criterio.
Decir con claridad lo que no está respaldado es parte de la confianza. Este sitio no afirma nada de lo siguiente.
Si detecta un problema de seguridad en este sitio o en la plataforma, agradecemos que lo comunique de forma responsable antes de hacerlo público. Nos comprometemos a acusar recibo, a mantener la conversación abierta y a reconocer la contribución si así se desea.
La verificación pública muestra cada señal por separado y el siguiente paso recomendado, con códigos de ejemplo que cubren todos los resultados posibles.